El cordón sanitario: ¿Una receta fracasada?

Estas elecciones podrían ser unas más en la agenda europea, pero destacan por un aspecto: la extrema derecha sueca se había visto encerrada durante mucho tiempo en un cordón sanitario, pero ahora ha logrado el sorpasso a la derecha convencional, ha alcanzado un 20% de los votos y se acerca al gobierno por primera vez. Desde El Tablero creemos que es interesante estudiar el caso sueco y, a raíz del mismo, estudiar los famosos cordones sanitarios ¿Qué son? ¿Realmente son eficaces?


Recordemos que el cordón sanitario permitió que en 2018 la socialdemocracia mantuviera el poder (siendo este el partido que ha gobernado 80 de los últimos 100 años de democracia sueca). Trasladando las explicaciones al ejemplo sueco, veamos qué es y cómo puede fracasar un cordón sanitario. 

Andersson, primera ministra sueca, ayer al dimitir (Onda Cero).

Se denomina cordón sanitario al acuerdo entre varios partidos políticos con el fin de bloquear el ascenso al poder de otro partido (que tiene una ideología o valores contrarios al de los primeros). Es un término que se popularizó en 1980, en Bélgica y Francia, para partidos de derecha radical. Cabe destacar que en Bélgica hasta los medios de comunicación se apuntaron al cordón sanitario (y no entrevistaban a los líderes del partido en cuestión). 

Un cordón sanitario, en su acepción no política, viene a ser una actuación médica con el fin de impedir la propagación de una epidemia. Para ello se solía cerrar la frontera con la zona infectada. De hecho, el primer uso de este término lo hicieron los franceses, en 1821, para impedir el paso de una fiebre amarilla de Barcelona al país francés. Para más curiosidad, este término ya tenía tintes políticos: además de la fiebre amarilla, había un interés político oculto, pues se intentaba bloquear el retorno de las ideas liberales (presentes aún en España) a Francia.

Un "verdadero" cordón sanitario durante el Coronavirus (Meganoticias).

Dos grandes ejemplos de cordón sanitario son el francés (contra el Frente Nacional) y el alemán (contra  AfD), pero nuestro objeto de estudio, el caso sueco, también fue un ejemplo a seguir durante mucho tiempo. En Suecia, durante el 2019, se dieron unas elecciones muy fragmentadas que hacían prácticamente imposible conjugar distintas ideologías para formar gobierno. Esto llevó a un parón político de  cinco meses, hasta un acuerdo entre socialdemócratas, verdes, Centro y Liberales (como vemos, el cordón sanitario prácticamente obliga a unir partidos muy distintos entre sí) facilitó un nuevo gobierno de socialistas. Además, el pacto necesitaba de la abstención implícita de los antiguos comunistas. Cabe señalar que los partidos convencionales más a la derecha (moderados y cristianodemócratas) ya empezaban a mostrar intenciones de contactar con la extrema derecha. 

Dicho esto, debemos estudiar cuáles son algunos de los obstáculos para formular cordones sanitarios y cuáles pueden ser las causas de su fracaso. 

De entrada, la ocasión de formular un cordón sanitario puede ser complicada. Los partidos compiten entre ellos y muchos estudian sus movimientos en clave estratégica. Es común que la derecha convencional sienta miedo de estos acuerdos, pues tienden a verse perjudicados por ellos. Si la derecha tradicional pacta o incluso deja gobernar a un partido socialdemócrata, es probable que haya cierta fuga de votos hacia la extrema derecha. Por ello, se dan situaciones en las que ya de primeras es casi imposible el acuerdo o, si se da, se multiplican las posibilidades de que se acabe rompiendo (el ejemplo sueco es claro: el partido Centro ha perdido un 23% de sus votos y Liberales un 17%). 

Otro problema previo al cordón sanitario puede ser la cultura política del país en cuestión. Por un lado, tenemos el ejemplo de Alemania, que lleva conjugando grandes pactos de Estado desde hace tiempo. Por el otro, podemos hablar de España, país en el que estos acuerdos (PP-PSOE) nunca se han dado y, a lo sumo, se han hecho tímidas propuestas que ya desde un primer momento parecían abocadas al fracaso o ni se tomaban en serio. No es sólo entre los grandes partidos, pues el cordón sanitario tiende a necesitar de tres o incluso cuatro partidos de muy distinta ideología, algo que también dificulta el consenso.  

Sánchez y Feijóo, dos figuras que no pueden entenderse (La Voz de Galicia).

Otro punto que debemos vigilar es la agenda política y cuánto influye la extrema derecha en ella. Nos encontramos en un panorama político en el que el debate no es tanto socioeconómico, sino sociocultural, por lo que ahora mismo discutimos las cuestiones (inmigración, delincuencia, identidad nacional...) que la extrema derecha lleva debatiendo y protagonizando desde hace muchísimos años. Estos han conseguido introducir en el panorama político ciertos debates en los que parten con ventaja, por lo que obligan al resto de partidos a actuar frente a estos tópicos. ¿Qué debe hacer un partido tradicional ante un debate trabajado por la extrema derecha?

  • Puede ignorarlo, pero se arriesga a quedarse atrás en un debate candente en dicho momento y, por ello, autorrealizarse una sangría electoral.
  • Puede asimilar estos debates y dar una postura similar a la de los partidos de extrema derecha. Esta es una actuación muy frecuente dentro de la derecha convencional, pues ve que sus antiguos votantes ahora se mueven en torno a estos tópicos, por lo que deciden asumir las propuestas de la extrema derecha, pero moderándolas en cierta medida. Esta tampoco es siempre una correcta posición, pues el partido tradicional legitima el debate anterior y se convierte en "una copia" del partido ultra. 
  • Puede enfrentarse al mismo y dar una posición contraria. Por ejemplo, la extrema derecha tiende a estar en contra de la inmigración y a ser mucho más severo en su política de bienvenida. Ante esto, un partido convencional podría recomendar y promover políticas de asimilación y centrarse en la integración de los inmigrantes. Esta es posible que sea la posición que menor desgaste ocasiona a los partidos convencionales.

Otro punto muy importante, que apunta el politólogo Cas Mudde, es que el partido de extrema derecha no debe ser excesivamente grande, pues entonces es ya prácticamente imposible que se dé la situación que permita una fácil conjugación y, además, vuelve a poner contra las cuerdas a los partidos de la derecha convencional. A esto debemos añadir que el cordón sanitario, es un arma de doble filo. Muchos investigadores, aunque no hay nada concluyente, opinan que marginar a un partido (que además tiende a etiquetarse como antiestablishment) puede otorgarle una ventaja electoral, pues apuntala su esencia "anti-casta" y puede provocar aún más pérdidas a la derecha convencional. Aun así, parece difícil que este impulso pueda acabar derivando en una mayoría absoluta frente a la amalgama de partidos que han pactado.  

Para finalizar, queremos hacer un apunte del caso español, en el que tanto se ha debatido si podría existir un verdadero cordón sanitario. Este es un ejemplo perfecto, pues nos permite ver cumplidas algunas de las premisas que comentábamos e incluso podemos añadir una tercera idea. Primero de todo, vemos que el tacticismo del PP ha promovido la decisión de que es mejor no compartir gobierno o permitir uno en solitario del PSOE (también el PSOE actúa en clave estratégica: es posible que prefiera sacar rédito electoral de una alianza PP-VOX antes que permitir un gobierno en solitario del primero). Además, la política de los grandes pactos nunca ha existido en la política española. También, como hemos comentado, hay una tercera premisa que impide los cordones sanitarios en España, y es que la relación PP-VOX parte con una diferencia respecto al resto: VOX nace dentro del PP y tiene relación directa con el mismo. En cambio, la gran mayoría de partidos extremistas en el resto de Europa no nacen a partir de la derecha convencional e incluso tienen sectores electorales distintos (p.ej. los países nórdicos). En conclusión, parece que la formación de un cordón sanitario en España, aunque no imposible, se complica más. 

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