Burkina Faso: pulso entre Rusia y la UE
El 30 de septiembre de 2022, Burkina Faso vivió su segundo golpe de Estado en un mismo año. Un grupo de militares armados entraba en la cadena de televisión estatal para anunciar la disolución del antiguo ejecutivo por “el deterioro de la situación en materia de seguridad”, causada por el avance del terrorismo en el país, que ya controla el 40% del territorio. A su vez, también se anunció la llegada a la presidencia de un joven militar llamado Ibrahim Traoré. Visto de esta manera, estamos ante un caso más de inestabilidad política en África, aunque este conflicto tiene un trasfondo mayor, el cual os explicaremos en el Tablero y, adelantamos, podría enfrentar aún más a Rusia con el resto de Europa.
Para situarnos, y a modo de breve introducción, es necesario aclarar que Burkina Faso es un país ubicado en la región del Sahel, la cual está comprendida por un cinturón de países entre el Sahara y la sabana sudanesa. Esta región, en la cual predomina la religión musulmana, durante la última década ha sido influenciada y atacada por diferentes grupos terroristas islámicos. Por ese motivo, Francia, ha ido realizando diferentes operaciones para tratar de contrarrestar este aumento terrorista.
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| Mapa del Sahel (Fuente: Bellumartis) |
Desde 2018, en Mali y Burkina Faso ha aumentado la influencia de un grupo terrorista vinculado a Al-Qaeda, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM). Este grupo islámico ha hecho de estos dos países el epicentro del terrorismo en África, dando lugar a una dura lucha armada. Como hemos comentado, Francia, que desarrolló la Operación Barkhane, también lleva años intentando influenciar y controlar toda la zona del Sahel. De hecho, la situación parecía asegurada, pero la llegada de la COVID-19 obligó a Francia a retirar numerosas tropas.
Esta operación, como decíamos, no se focalizaba únicamente en Burkina Faso. De hecho, mencionar el caso de Mali es obligatorio para entender el desarrollo posterior en Burkina Faso. La operación en el país maliense, al contrario que en Burkina Faso, no estaba cosechando los éxitos esperados (la extensión y otras características de dicha nación dificultaban la operación) y, de hecho, Mali también ha sufrido recientemente su tercer golpe de Estado desde 2010 y el segundo desde el inicio de la Operación Barkhane. El fracaso de la operación promovió el descontento de la población, lo cual ha contribuido a que los golpes de Estado pusieran el foco en la ineficacia francesa. Por ello, y tras el retroceso democrático, Francia se vio obligada a retirar la totalidad de sus tropas.
Con la retirada de las tropas en Mali, la operación en Burkina Faso perdía gran parte de su relevancia, pues esta trabajaba más como apoyo a la primera que como una independiente. Con el goteo de la retirada, el problema del terrorismo en Burkina Faso ha sorprendido y sobrepasado las expectativas francesas, que ya habían decidido destinar sus recursos principales a Níger.
Centrándonos en Burkina Faso, esta retirada francesa ha ocasionado un malestar general en la población y en militares debido a que, tras muchos años contando con su apoyo, el país no se encuentra preparado para defenderse solo y la amenaza de la llegada del terrorismo al poder es una cuestión muy presente en el país centroafricano. Esto ha ocasionado que muchos manifestantes, durante el último golpe de Estado, atacaran la embajada francesa, reprochando la poca ayuda que estos habían mantenido. De hecho, con una mayoría de la ciudadanía ya a favor de un giro político, comenzaron a surgir las sospechas de que la embajada francesa ocultaba al general Damiba. Este era el ejecutor del anterior Golpe de Estado y presidente hasta la consecución del segundo, pero también estaba siendo fuertemente criticado a razón de su ineficacia. Como vemos, este era el caldo de cultivo perfecto para un deterioro de la situación en la zona.
Sin embargo, hay una cuestión curiosa en esta manifestación, y es que muchos de los huelguistas portaban la bandera rusa. Esto es debido a que el nuevo presidente Ibrahim Traoré prometió “independizarse” de la ayuda francesa y buscar otro nuevo socio. Este es el momento en el que Rusia y el Grupo Wagner aparecen en escena.
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| Manifestante burkinés defendiendo una alianza con Rusia (Fuente: Foreign Policy) |
El Grupo Wagner es una organización paramilitar rusa financiada por Yevgeny Prigozhin, un empresario que tiene un vínculo muy estrecho con Putin (de hecho, es conocido como el “Chef” de Putin). Este grupo ha trabajado en distintos países como Siria o Venezuela, aunque en estos dos últimos años vemos como ha puesto el foco en África, donde los contratos van más allá del dinero y se prometen tierras en las que poder extraer minerales preciosos como oro, diamante o litio.
Esto es lo que ha sucedido en la República Centroafricana, donde se estima que el grupo tiene en torno a unos 2.000 efectivos y donde se encargan, entre otras cosas, de entrenar a los militares de este país o de escoltar al presidente del país, Faustin-Archange Touadéra. Esto no es lo único, ya que todos los minerales procedentes de estas tierras tan relevantes son extraídos por Lobaye Invest, una empresa rusa, la cual cierra negocios con empresas públicas de Rusia.
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| Soldados rusos del Grupo Wagner en República Centroafricana (Fuente: Crisis Group) |
Ante este panorama, Estados Unidos y la Unión Europea rechazan la intervención de este grupo paramilitar, bajo la constante ayuda e influencia rusa, en cualquier país. Estos países son conscientes de la pérdida de influencia que sufren en estas zonas. Para ejemplificar esta situación, podemos observar algunas votaciones muy relevantes que se dan en el seno de organizaciones supranacionales como la ONU, donde muchos países africanos o asiáticos se acaban posicionando junto a Rusia o China.
También debemos destacar la condena que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, que nos sirve para hilar con otro de los intereses occidentales en la zona. EE.UU. acusa a Rusia de emplear Siria (y puede que en un futuro Burkina Faso) a modo de campo de entrenamiento para, finalmente, destinar estas fuerzas paramilitares al frente ucraniano (o conflicto del momento). Además, cómo no, tampoco debemos ignorar los intereses económicos que estos países también tienen en la zona.
Por su parte, la Unión Europea ha calificado de “lamentable” el golpe de Estado y ha anunciado que la entrada de Rusia en el Sahel afecta a sus propios intereses. La conclusión tras estos sucesos no debe ser que Francia y Occidente en su conjunto han decidido entregar los territorios a la influencia rusa. De hecho, la operación Barkhane no es que haya finalizado, sino que ha sido "reajustada" a otras zonas del Sahel. Todos los países occidentales, agrupados en distintas operaciones, se encuentran estudiando el tablero y cuáles deberían sus siguientes movimientos. Países como España (lo vimos en la Cumbre de la OTAN en Madrid) colocan al Sahel en lo más alto de su agenda, por lo que tampoco debemos dar por perdidos sus intereses.
A modo de conclusión, debemos destacar que Burkina Faso se encuentra en una situación en la que su rechazo hacia Europa (concretamente contra Francia) es elevadísimo, mientras que la población se decanta por una alianza con Rusia. Este nuevo presidente, tras el segundo golpe de Estado, no ha anunciado todavía ninguna política a favor de Rusia, aunque los expertos prevén que los lazos entre ambas naciones se estrechen considerablemente. Mientras tanto, nos encontramos con un avance terrorista en el país, que ya abarca el 40% del territorio y que podría aumentar en los próximos meses. Desde el Tablero, seguiremos las negociaciones entre Burkina Faso y Rusia, e iremos informando de lo que suceda en el continente africano.
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