Financiación de los partidos políticos.
Los partidos políticos son la herramienta más relevante de los sistemas democráticos. Por ello, su financiación es uno de los temas más relevantes. En la actualidad, se basan prácticamente en subvenciones por parte del Estado, pero no siempre ha sido así. Este es un debate candente, por lo que vamos a dar varias claves.
Historia de la financiación.
La relación entre los partidos y la financiación ha sido distinta dependiendo del desarrollo y etapa histórica en la que se encontraran estos primeros. Por ello, es necesario que estudiemos, de forma pormenorizada, cuál es el origen y progreso de los partidos.
Primero debemos hablar de los partidos de nobles. Estos deben su nombre a la propia especificidad de su agrupación, pues son un grupo selecto y prestigioso que se forma únicamente de miembros destacados (por su capacidad económica, influencia, intelecto…). Como es evidente, en este caso el partido político se autofinanciaba, pues estaba formado por integrantes de rentas altas que podían permitirse el mantenimiento y ciertos gastos. De hecho, lo normal es que los miembros de estos partidos no percibieran ninguna remuneración.
Seguidamente, debemos hablar de los partidos de masas. Estos surgen a raíz de los cambios que se vienen dando en la sociedad de por entonces. Nacerán al calor de los ideales socialdemócratas y de la defensa del Estado de bienestar. Estos partidos surgen como oposición a los partidos de notables. Mientras que estos últimos habían sido creados desde el poder, el partido de masas surge desde abajo. Frente a la “calidad” de los partidos de notables, los partidos de masas se basan en la cantidad. El partido de masas necesita del mayor número de militantes, tanto por razones ideológicas (pues propugnan ideales como la extensión del sufragio o la democracia en general), como por razones prácticas, pues, a diferencia del partido de notables, estos necesitaban de la cuota de los afiliados para poder sobrevivir.
Finalmente, tenemos los partidos profesionales del siglo XX. Estos se denominan así dada su profesionalización a lo largo del siglo, pues comenzaron a buscar el voto de un electorado mucho más amplio. Los partidos ya no se limitan a representar los intereses de determinados sectores (de los notables o del pueblo), pues ahora elaboran unos programas mucho más difusos. Sin embargo, esta profesionalización ha derivado en un incremento de los costes organizativos. Como vemos, el partido ahora se focaliza en la captación del voto, por lo que uno de sus momentos clave son las campañas electorales. Es durante estas cuando mayor necesidad tienen de financiación y ante la cual la cuota de afiliado no es suficiente (de hecho, cabe destacar que tanto la importancia del afiliado como su cuota han caído en picado de forma constante). Ante esta necesidad, la solución más recurrente fue la donación privada por parte de determinados sectores. Estas donaciones presentan dos problemas:
- Nada es gratis: como es de esperar, estas donaciones esperaban una contrapartida, la cual solía traducirse en políticas públicas favorables u otras vías de corrupción.
- Desigualdad: como es evidente, estas donaciones provenían de fortunas cuantiosas que lo más probable es que, aunque no tuvieran en mente una contrapartida, como mínimo realizarán la donación con el fin de preservar sus intereses (y los de la clase alta en general). Esto provoca que fueran partidos conservadores y/o defensores de esta clase los que más financiación recibieran, por lo que existía volvía a existir una gran desventaja de partida.
En el presente, el sistema de financiación español es mixto. Aunque el dinero público es la principal vía de financiación, se permiten los ingresos privados a partir de la cuota de afiliados (aunque ya sabemos de su escasa relevancia en la actualidad) y los donativos, aunque estos últimos no pueden superar los 40.000 € y son controlados por el Tribunal de Cuentas.
La financiación pública tiene dos modalidades. La primera de ellas se refiere a los gastos ordinarios, pero es la segunda, respecto a las campañas electorales, la que nos interesa. Ya hemos comentado que las campañas son uno de los mayores gastos de los partidos, por lo que esta modalidad es muy importante para ellos. El problema es que estas cantidades se entregan tras los resultados electorales y la cuantía varía dependiendo de estos. Por ello, muchos partidos solicitan un adelanto o incluso recurren a créditos que luego esperan poder pagar. Como es evidente, existe el riesgo de unos pésimos comicios tras los cuales podrían recibir una cantidad menor a la esperada, por lo que podrían verse incapaces de devolver el crédito. Dentro de este apartado también debemos destacar los microcréditos, que ha sido una de las herramientas más usadas por Unidas Podemos: tanto simpatizantes como independientes pueden entregar una cantidad de dinero al partido que, tras las elecciones, será devuelto.
Ya dentro del panorama español, podemos dar algunos datos muy interesantes. Primero de todo, debemos tener en cuenta que hasta el 80% de la financiación de los partidos españoles es dinero público, por lo que es indudable la importancia de este. Esta es una cifra que se lleva repitiendo desde hace más de una década. Sin embargo, debemos destacar que el PSOE es el partido que más obtiene a partir de las cuotas de mercado (9.5 millones de euros), doblando al segundo partido, que es el PP (4.2 millones de euros). Además, el PSOE es el partido que menos depende del dinero público (un 69% de dependencia frente a la media de un 80%). También debemos destacar a Podemos que, además de los microcréditos ya comentados, obtiene uno de cada cuatro euros gracias a la aportación de cargos públicos. Es decir, parlamentarios del partido donan parte de su sueldo a la entidad (de hecho, ha llegado a ser una norma obligatoria en el partido).
La financiación pública es un debate poco expresado en los medios, pero que levanta posiciones muy fuertes. Sabiendo la gran dependencia de los partidos al dinero público, es chocante comprobar que la legislación actual no es del todo idónea e incluso deja demasiadas ventanas abiertas a la corrupción. La ley actual permite la condonación (el perdón de la deuda) por parte de las entidades bancarias a los partidos públicos sin mostrar la razón por la cual esta se ha llevado a cabo, por lo que da lugar a la posibilidad de pactos e intereses oscuros. Además, los partidos tienen la capacidad de recibir financiación oculta a través de fundaciones vinculadas a los mismos y sin que el ciudadano pueda vigilar estos movimientos. Estas son pequeñas vías por las cual un partido puede recibir dinero de forma ilegal, pero los defensores de las donaciones públicas sostienen que, si estas no existieran, las donaciones privadas serían el único sustento, dando lugar a una corrupción todavía mayor. Además, de esta forma se permite un mayor control de las cuentas.
De hecho, en el panorama político actual varios partidos presentan propuestas y modificaciones a la Ley de Financiación, pero el problema es que estas ideas suelen venir de partidos ajenos o como mínimo distantes al poder. Los partidos son los que pueden modificar esta legislación, por lo que es difícil creer que, llegado uno al poder, vaya a “tirarse piedras en su propio tejado”.

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